A la sombra de los Montes de Torozos, en plena ruta turístico-cultural de Tierra de Campos, donde la identidad castellana y el pasado se hacen realidad, Villagarcía; Y a su entrada, junto a la carretera de Medina de Rioseco a Toro, las ruinas del Castillo-Palacio en el que vivió “Jeromin”, futuro Don Juan de Austria.

 

        La primera referencia cronológica sobre la construcción militar y señorial del Castillo-Palacio aparece en el testamento de Dª María de Portugal, mujer de Alfonso XI, el Justiciero, en 1336. “E mando a Gutierre de Quijada que tiene el mío alcázar de Villagarcía…”. Más tarde Juan I cederá la villa a la alcurnia de los Quijada incorporados a la Historia de España como hombres de armas al servicio del Rey desde el año 1100.

 

        De planta rectangular, flanqueado por cuatro torreones en los ángulos, altas y gruesas murallas, almenas, matacanes y foso fue, en sus tiempos de esplendor, una obra de gran envergadura.

 

        La fachada principal es la que está al otro lado de la carretera. Estaba orientada hacia el oeste y desde allí se podía contemplar la gran llanura que se extiende hasta los Montes de León.

 

        En la puerta del este, netamente militar, se ven las aberturas practicadas en los tranqueros para el rodaje de las cadenas del puente levadizo, y los quicios de la puerta de dos hojas.

Torre del Homenaje del Castillo-Palacio - (Galería)

        A la puerta del sur, no tan defensiva como la del este, se llega por un puente de fábrica para el ruedo y tracción de carretas. Al entrar se encuentra la gran plaza de armas, el aljibe y las cámaras abovedadas (hoy cegadas).

 

        En la parte residencial, la del oeste, está la torre del homenaje que constaba de planta baja dedicada a bodega o despensa y dos superiores, la primera con las características de planta noble y una última como plataforma o terraza.